Amigos

Albornoz Maria Hermosina

Author: Teodoro Albornoz /

Albornoz
Maria Hermosina

En la Ciudad de Lima, Capital de la República del Perú, en primero de Enero de mil ochocientos noventa y nueve, Yo el teniente de Cura Rector de esta Parroquia de Huérfanos exorcicé, bauticé, solemnemente, puse óleo y crisma á María Hermosina natural de Lima de un año tres meses de edad, hija legítima de Gaspar Albornoz, natural del Ecuador y de María Cabanillas, natural de Cajamarca, fué madrina Dolores Y. Rueda de Galarse, testigo Manuel Manrique de que certifico.


Juan C. Albinagorta

Trajano
Federico
Albornoz

En la ciudad de Lima, capital de la República del Perú: en veintiocho de Mayo de mil ochocientos ochenticínco; el Sr. Canónigo de esta Catedral y Secretario de Cámara y Gobierno del Arzobispado Sr. Dn Julio Zarate; en esta Iglesia parroquial del Sagrario de la Catedral, ex licentia parochi exorcizó, bautizó solemnemente, puso óleo y crisma a Trajano Federico que nació el tres de Febrero de mil ochocientos ochentitrés, hijo legítimo de Dn. Rafael Albornoz, natural del Ecuador y de Dña. María Cabanillas natural de Cajamarca; fueron sus padrinos, Dn. Rigoberto Molina, y Sra. Toribia Palza, y Testigo Dn. Ramón La Rosa de que certifica el infrascrito Cura Rector.

Dr. Andres Tovar

115

Albornós
Benjamin

En la Ciudad de Lima, Capital de la República del Perú, en cuatro de Mayo de mil novecientos uno, yo el teniente de Cura Rector de ésta Parroquia de Huérfanos, exorcicé, bauticé solemnemente, puse óleo y crisma á Benjamín natural de Lima, nacido el doce de Marzo de mil ochocientos noventa y nueve, hijo legítimo de Rafael Albornoz, natural del Ecuador y de María Cabanillas, natural de Cajamarca, fue padrino Carlos Bringas, representado por su esposa Doña Dolores Altamirano y testigos Andres Chávez y Enoc Rodrigues de que certifico

Juan C. Albinagorta

PARTIDA DE NACIMIENTO DE FEDERICO GONZALEZ SUAREZ

Author: Teodoro Albornoz /

“En trece de abril de mil ochocientos cuarenta y cuatro, el Prebendado José Veitemilla, DE LICENTIA PAROCHI, bautizó solemnemente a Manuel María Federico del Sacramento, hijo legítimo y de legítimo matrimonio de los señores Manuel González y Mercedes Suárez; fue su padrino el señor José María Suárez, a quién advirtió su obligación y parentesco. Lo certifico.- Dr. JOSE CHICA (f)”.

PARTIDA DE NACIMIENTO DE
ANTONIO JOSE DE SUCRE

“En veinte días del mes de febrero de mil setecientos noventa y cinco años.- Yo, beneficiado, cura castrense don Francisco Josef del Aguila, certifico que con mi licencia y asistencia, el presbítero doctor Josef Cándido Martínez, Secretario de visita, bautizó solemnemente, puso óleo y crisma a Antonio Josef Francisco, hijo legítimo de don Vicente de Sucre y de doña Manuela Alcalá, el cual niño tenía diez y siete días: fueron padrinos el beneficiado don Patricio de Alcalá y doña Juana Jerónima de Sánchez a quienes advertí su obligación y espiritual parentesco, y para que conste lo firmo y de ello doy fe”. Francisco Jsh. del Aguila.

PARTIDA DE BAUTISMO DE
SIMON BOLIVAR

«En la Ciudad Mariana de Caracas, en 30 de Julio de 1783 años, el Doctor Juan Felix Jeres y Aristeguieta, presbítero, con licencia que yo el infrascripto Teniente de Cura de esta Santa Yglesia Catedral le concedí, bautizó, puso óleo y Crisma y dio bendiciones a Simón, José, Antonio, de la Santísima Trinidad, párvulo que nació el 24 del corriente, hijo legítimo de D. Juan Vicente Bolívar y de Doña María Concepción Palacio y Sojo, naturales y vecinos de esta Ciudad. Fue su padrino D. Feliciano Palacio y Sojo a quien se advirtió el parentesco espiritual y obligación. Para que conste lo firmo. Fecha ut supra» Bachiller Manuel Antonio Fajardo. (Rúbrica) Sacado de los libros parroquiales de la Santa Iglesia Metropolitana de Caracas, año 1783.

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La casa que Bolívar y Miranda escogieron para instalar en ella la Sociedad Patriótica era una de las más amplias de Caracas. Pertenecía a la familia Blanco, y se hallaba situada en la esquina de la calle designada todavía hoy con el nombre de La Sociedad y de la por largos años llamada de Las Gradillas.

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Entre todas las glorias de Bello, hay que tenerle en cuenta la de haber sido el primero en rendir homenaje al Precursor y en señalar su memoria al agradecimiento de sus compatriotas. La Oda a Miranda figura hoy en la página de honor de las Antologías Americanas:

Con reverencia ofrezco a tu ceniza
Este humilde tributo; y la sagrada
Rama a tu efigie venerable, ciño,
Patriota ilustre, que, proscrito, errante,
No olvidaste el cariño
Del dulce hogar que vió mecer tu cuna,
Y, ora blanco de las iras de fortuna,
Ora de sus favores halagado,
La libertad americana hiciste
Tu primer voto y tu primer cuidado.
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Probablemente en 1824 fue cuando Bolívar escribió, después de su ascensión al Chimborazo, el célebre Delirio, obra de verdadera inspiración romántica.

«Yo venía envuelto en el manto de iris desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas y quise subir a la Atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt : seguílas audaz : nada me detuvo : llegué a la región glacial; el éter sufocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que puso las manos de la eternidad en las sienes excelsa del dominador de los Andes. Yo me dije: este manto de iris que me ha servido de estandarte ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales : ha surcado los mares dulces : ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes : la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la Libertad : Belona ha sido humillada por los rastros de iris ¿y yo no podré trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? Sí podré; y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, pasé sobre los pies de Humboldt, empañando aún los cristales eternos que circuyen al Chimborazo. Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco a tocar con mi cabeza la copa del firmamento y con mis pies los umbrales del abismo.
«Un delirio febril embraga toda mi mete: me siento como encendido de un fuego extraño y superior :- Era el Dios de Colombia que me poseía.
«De repente se me presenta el tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado de los despojos de la edades, ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano.

«Yo soy el Padre de los siglos: soy el arcano de la fama y del secreto: mi madre fue la eternidad : los límites de mi imperio los señala el infinito : no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la muerte : miro lo pasado, miro lo futuro, y por mi mano pasa lo presente. ¿Porqué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees acaso que el universo es algo? ¿Que montar sobre la cabeza de un alfiler es subir? ¿Pensis que habéis visto la santa verdad? ¿Imagináis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del infinito que es mi hermano. Sobrecogido de un sagrado terror, ¿cómo ¡oh Tiempo! respondí, no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino el Universo con mis plantas : toco al eterno con mis manos : siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos : estoy mirando de una guiñada los rutilantes astros : los soles infinitos : he visto sin asombro el espacio que encierra la materia; y en tu rostro leo la historia de lo pasado, y los libros del destino. Observa me dijo, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado; dí la verdad a los hombres… la fantasma desapareció.

«Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita : resucito : me incorporo : abro con mis propias manos mis pesados párpados : vuelvo a ser hombre. y escribo mi delirio»

PARTIDA DE BAUTISMO
DE
ABDÓN CALDERON GARAICOA


En el año del Señor, de mil ochocientos cuatro, en treinta y uno de Julio, siendo yo el Dor. Mariano Isidro Crespo. Cura Rector de esta santa Iglesia, bautisé solemnemente á ABDON Y SENEN, hijo legítimo del Contador Oficial Real Don Francisco Calderón y de Doña Manuela Garaicoa: fué su padrino el Prevendado Dr. Don. Mauricio Salasar; testigo Dn. Pablo Tomes y Manuel Montúfar, y lo firmo—MARIANO CRESPO.

PARTIDA BAUTISMAL
DEL SEÑOR DOCTOR
ANTONIO BORRERO CORTAZAR

Lucas Iglesias, Cura Rector de turno de esta Santa Iglesia Catedral, etc.

(en)
Certifico con juramento: que uno de los libros bautismales que corre a mi cargo, he encontrado a ff. 20, una partida del tenor siguiente: “En el año del Señor de 1827, en 29 de Octubre: hallándome yo el Doctor Don Juan Barbosa y Dávila de Cura Rector de esta Santa Iglesia Catedral de Santa Ana de Cuenca: bautizó solemnemente el Sor. Gobernador Eclesiástico y Vicario Capitular Dr. José Antonio Arévalo y Gutiérrez, a Antonio, Ma. Vicente, Narciso, hijo legítimo de D. Manuel Borrero y de Doña María Francisca Cortázar y Requena: su padrino el minorista Dn. Ramón Cortázar, por poder de su hermano Dn. Manuel Cortázar, sacristán mayor de esta Santa Iglesia; siendo testigos Dn. José Ma. Borrero y el Dr. José Antonio Marcos. Y para que conste lo firmo.- Juan Barbosa.”

Es copia fiel del original, al que en caso necesario me remito.- Cuenca 21 de Octubre de 1853.

(f) Lucas Iglesias.

PARTE DE UN SONETO DE GARCILASO DE LA VEGA

Author: Teodoro Albornoz /

“Vosotros, los del Tajo, en su ribera
Cantaréis la mi muerte cada día.
Este descanso llevaré aunque muera,
Que cada día cantaréis mi muerte,
Vosotros, los del Tajo, en su ribera”.

Garcilaso de la Vega, nació en Toledo en 1503.

Paredones de Molleturo

Author: Teodoro Albornoz /

Un muro entre el pasado y el futuro

El tiempo se guarda
entre la bruma y la montaña,
guarda su memoria en la piedra,
testigo de la historia.

La Cordillera Occidental de los Andes conserva belleza y secretos ancestrales, es así que, al oeste de la ciudad de Cuenca, se halla el Parque Nacional Cajas, formado por grandes elevaciones que guardan en su interior sistemas acuosos (más de 300 cuerpos de agua) a manera de enormes cajas interconectadas, de allí su nombre.

En el área no existe regularidad en el clima; alternan el sol, la lluvia, la niebla. Riscos, valles, riachuelos y cascadas crean el entorno para que coexistan naturaleza e historia, por esta razón El Cajas es posible candidato a posible Patrimonio Natural de la Humanidad.

La belleza natural del parque se ve incrementado en su valor patrimonial por componentes históricos de sitios arqueológicos como el Camino del Inca, Paredones de Molleturo y el Camino de García Moreno.

Nuestro punto de encuentro y de interés en este reportaje, son las ruinas de Paredones de Molleturo, que posiblemente fue un centro administrativo, religioso y militar, un asentamiento Kañari que forma parte de una cadena de emplazamientos de altura, localizados en la cordillera occidental, desde la provincia del Cañar hacia el sur y más específicamente entre el Azuay, El Oro y el norte de la provincia de Loja. El acceso directo a estos lugares nos permite ver la región costera, estas ruinas forman parte de los nudos, que de los Andes fue posiblemente un importante santuario de altura (3668 msnm).

La construcción de estos enormes bloques es sólida a base de cantos rodados y bloques canteados y tallados en roca andesita al puro estilo inca clásico, que están sobre otros, formando hileras paralelas unidas con argamasa de arcilla amarilla, propia del lugar. Las paredes tienen 2.40 m de alto y 0,80 m de ancho, a este tipo de construcción se le denomina “pirca”.

De otra parte, hay que anotar que este complejo arqueológico se encuentra a 6 km al noroeste del pueblo de Molleturo, en la vía Cuenca-Naranjal, integra un área de 101 hectáreas y un complejo de ruinas: viviendas, templos, torres, plazas, pirámides, caminos empedrados, canales de riego, basamentos de viviendas y altares. Pero además, aproximadamente a dos kilómetros hacia el norte aparece el punto dominante constituido por una cima de algo más de 400 msnm, llamado “El Mirador”o “Complejo F”, desde donde se visualiza un extenso paisaje, con un variado escenario geográfico que incluye algunas de las provincias de la sierra y cuando los días son claros y despejados existe la posibilidad de observar la costa y el Chimborazo. Un punto que permite juntar dos regiones hermosas y opuestas del Ecuador, sierra y costa.

Para trasladarse en el tiempo y el espacio, es importante visitar esta fuente inagotable de cuentos y leyendas con singular significado para la mitología o historia inca.

Tomado de la revista: “Belleza & Glamour” Mayo - Junio 2004

PARA LA HISTORIA AZUAYA

Author: Teodoro Albornoz /

Como en el artículo “Cuenca Industrial” publicado en la edición extraordinaria de EL MERCURIO correspondiente al 15 de presente mes, se pide que se corrijan los errores allí aparecidos, nos vamos a tomar la libertad de hacerlo, en cuanto lo permiten nuestros conocimientos de la historia azuaya.

Muy digna de aplauso es la idea del inteligente autor de esa curiosa Monografía que bien merecía ser completada con las omisiones que en ella se advierten, para ese mode evitar se pierdan definitivamente datos que, a medida que transcurra el tiempo, se hará mas difícil obtenerlos.

Nuestro propósito se encamina únicamente a efectuar algunas rectificaciones, que, para mayor comodidad del lector, las iremos haciendo en forma sucesiva, colocando primero la noticia tal como corre en EL MERCURIO y luego la correspondiente enmienda.

Comenzamos:

1825—Manda a practicar el primer censo el General don Ignacio Torres—El número total de habitantes de las actuales Provincias del Azuay y Cañar era el de 76.423, de los cuales correspondía al CANTÓN Cuenca 42.222.

el primer censo de Cuenca, del Gobierno de Cuenca, o sea del territorio que comprende las actuales Provincias del Azuay y Cañar, se efectuó en el año 1778.

Provino el empadronamiento de la Cédula Real dictada al efecto por Carlos III, acatada por su Viso—Rey de Santa Fe y puesta en práctica por el primer Gobernador—refiriédonos a los que ejercieron el cargo-de Cuenca, el célebre Alférez do José Antonio de Vallejo.

El resultado de ese censo indica que Cuenca—el Gobierno—tiene 75.654 habitantes, inclusive 46 sacerdotes residentes en Cuenca (38), Cañar (6), y Azogues (2), sin contar los curas de cada parroquia, 58 frailes de Santo Domingo, San Agustín, La Merced, San Francisco y Bethemitas, y 48 monjas carmelitas. Estas últimas cuentan con más de cien criadas que viven en el Convento.

Cuenca—la ciudad—alcanza a 16.718 pobladores, poniendo sólo el centro, el Vecino, San Blas y San Sebastián. Los lugares contiguos de El Ejido, San José y Barabón arrojan la cifra de 2.032; y Baños, Narancay, Yanazacha y Chanchán 5.532.

La parte mas poblada, prescindiendo del asiento principal de Cuenca, resultó Azogues, con Taday, Pindilic, Porotos, Caldera, Guyancay, Chuquipata y Biblián: 11.736 habitantes.

El censo de 1778 es muy detallado. Debe de haber pocos errores; pero se han omitido, a lo menos en el original que se conserva en el archivo de la Gobernación de Cuenca, lo correspondiente a la parte Occidental de la ciudad, a Racar y Balzaín, al Tablón, de Machángara y Shiquir y a las encomiendas de Paiguara, Ragdéleg, Chordeleg, Toctesí y otras que existían en Jadán, Gualaceo, etc.

Julio 20 de 1934, “El Mercurio” VICTOR M. ALBORNOZ

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1860—70 Introduce en la ciudad de Cuenca el señor Carlos Ordóñez Lazo con las últimas modas europeas, utensilios de cocina, vajilla moderna y servicios higiénicos.
1860—Don José María Montesinos introduce los primeros instrumentos modernos para banda.

Ya antes del año de 1860 se vendía en la tienda de los señores Tadeo Torres y Compañía, juegos de café, platos, tazas y demás utensilios de fina vajilla de porcelana. Las familias adineradas podían adquirir vajilla moderna de espléndida calidad en el mentado almacén, que, además contaba con variados artículos importados del extranjero. Entre estos últimos las damas de nuestra sociedad elegante se disputaban costosos razos de seda y unos pañolones de merino que consistía la última moda a promedios del siglo anterior. Allí abundaban también alhajas de oro cubiertas de perlas y diamantes, relojes, instrumentos de música de toda clase, cajas de alcanfor, estupendas lanas, casimires de castor, alpacas, etc.etc. todo un conjunto de gran atractivo y novedad.

En las casas ricas preferían usar vajilla de plata, que generalmente constituía una verdadera obra de arte, por las formas y adornos con que la confeccionaban los habilísimos orfebres de ese tiempo. No hace muchos años –acaso quince o dieciséis—que el que estas líneas escribe asistió a un almuerzo ofrecido por el acaudalado caballero don José Félix Valdivieso en su mansión señorial de Sulupali, en que todo el abundante servicio de mesa—desde los cubiertos, fuentes, platos y tazas hasta los fruteros y los aditamentos necesarios para emplear el agua, el café y la leche—eran de plata repujada y, en las piezas menores, con bellas filigranas. Tal suntuosidad, desusada ahora, fue propia de las familias pudientes de nuestra sociedad, hasta que esas costumbres de gran tono desaparecieron para dar paso a los baratos usos que hoy se compaginan con esta edad ansiosa de los metales preciosos, porque, precisamente, los mira lejos de sus comunes posibilidades.

Los costosos efectos puestos a la venta en la tienda de don Tadeo Torres evidencian que en Cuenca había antes de 1860 personas que gustaban de adquirir objetos de verdadero lujo. No era preciso ir a obtenerlos en centros extranjeros, porque nuestros comerciantes viajaban con frecuencia no sólo a Guayaquil, sino a la capital del Perú, ciudad acostumbrada al fausto.

Ya durante la lucha de nuestra emancipación política de España en 1820, don José de Cárdenas poseía un almacén de comercio bien surtido, con artículos importados de Europa.
Y, para conclusión, un rasgo de justicia. La ejemplar modestia característica en don Tadeo Torres, ha hecho que las generaciones actuales no recuerden como se merece a este benemérito ciudadano, uno de los que más a contribuido al adelanto de Cuenca.

Prototipo del varón fuerte, que todo lo debe a sus propios esfuerzos, Torres fue un modelo de laboriosidad y honradez. Su fortuna la puso a servicio de la colectividad. En vida, su mano se alargó sin cansancio para prodigar la limosna que no busca las recompensas de la notoriedad. A su muerte, toda la fortuna adquirida a fuerza de trabajos y fatigas la dedica a fines de filantropía.

Torres no construyó palacios para halago de vanidades personales, ni para ostentación de sus riquezas. Pero hizo algo más digno y duradero, dedicó su oro para que, mediante él, hallen albergue los desheredados de la suerte, los hijos sin madre. El Asilo que lleva su nombre es su mejor elogio.


“EL MERCURIO” 21 DE Julio de 1934 VÍCTOR M ALBORNOZ.




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1867—Las primeras casas de cal y ladrillo son mandadas a fabricar por don Carlos Ordóñez Lazo, bajo la dirección de un arquitecto latacungueño N. Cornejo.

La implantación en Cuenca de esta importante mejora para el ornato urbano se debe al entusiasta caballero don Mauricio Garzón, quien hizo venir de la ciudad de Latacunga a tres albañiles (que pomposamente los han denominado después, de arquitectos), los cuales se contrajeron, en un principio a efectuar los trabajos de reparación de la Santa Iglesia Catedral.

Los albañiles de nuestra referencia, cuya habilidad procedía de su práctica en las construcciones en que habían intervenido en Quito, una vez concluida la obra para la que fueron contratados ofrecieron sus servicios a las personas de la localidad.

El primero en ocuparlos fue el doctor Vicente León, Ministro entonces de la Corte Superior de esta Provincia. Luchando con innúmeras dificultades, provenientes de la escasez de materiales apropiados y hasta de las rechiflas de los rutinarios que nunca faltan, el doctor León levantó la primera casa de cal y ladrillo en Cuenca, o sea la que está situada en la calle Bolívar entre Padre Aguirre y General Torres, hoy de propiedad del doctor Manuel M. Ortiz.

En ese mismo año de 1867, el doctor Juan Bautista Vázquez comenzó la edificación del Colegio Nacional, empleando el mismo sistema de sustituir las paredes de adobe con las de cal y ladrillo. Y, poco después, los hermanos Ordóñez generalizaron esta clase de construcciones.

Lo que más llamó la atención en esa época los elegantes arcos de los portales y las cornizas que reemplazaron a los feos tumbados exteriores de las casas coloniales.

Tócanos consignar que el señor doctor Joaquín Martínez Tamariz debe también ser considerado como uno de los principales precursores del adelanto de Cuenca en este aspecto, pues a él se debe en gran parte la edificación del Seminario Mayor de esta ciudad, obra de gran aliento que se efectuó en los mismos tiempos en que los señores Ordóñez hacían construir sus casas.


“EL MERCURIO” 28 de Julio de 1934 VICTOR MANUEL ALBORNOZ


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Contestación a X.X.X.


Con todo el respeto que nos merece el distinguido escritor que con el seudónimo de “X.X.X.” firma el artículo PARA LA HISTORIA- ANACRONISMOS-, publicado en la edición del día martes último, debemos decir que nuestra aseveración referente a la primera casa particular construida en Cuenca de cal y ladrillo, es irrefutable, porque se basa en la información proporcionada por un periódico de la época, que no podía equivocarse, ni menos asegurar una cosa falsa.

“El Popular”, en la cuarta página del número 19 de la Segunda Epoca, correspondiente al 2 de Abril de 1868, trae un artículo intitulado “Progreso en materia de Fábricas”, en el cual se recomienda a la posteridad los nombres de los doctores Juan Bautista Vázquez y Vicente León para las obras que con carácter oficial, el primero, y particular, el segundo, llevaron a cabo en beneficio del ornato de la ciudad. Allí, refiriéndose al último de los citados personajes, el ilustre redactor de “El Popular” se expresa así: “Ciudadanos como este merecen un justo aplauso, por la iniciativa que toman en el mejoramiento material del país”.

Entre los varios detalles del sistema de construcción empleado, y de la alabanza a las dos referidas personas que lo adoptan, nada se dice de los señores Ordóñez, por la sencilla razón de que estos acaudalados ciudadanos sólo cinco años después emprenden en la edificación de sus casas de cal y ladrillo, que, ciertamente, las generalizaron dado el dinero de que disponían y el afán de vivir en la ostentación de sus riquezas.

Precisamente, por esta motivo y tomando en cuenta que desempeñaba la Gobernación de la Provincia, se acusa entonces a don Carlos Ordóñez de “convertir el poder público en elemento constante y eficaz del progreso mercantil de una familia” (“Crónica Diaria”, N° 6. 18 de Marzo de 1873).

El mayor comprobante de que los edificios de los señores Ordóñez comienzan su edificación en 1873 se encuentra en documentos judiciales incontrovertibles: los del juicio criminal que, por una denuncia del doctor Agustín Cueva, manda instaurar contra don Carlos Ordóñez la Exma. Corte Suprema. En el proceso seguido—que tantas molestias ocasiona al acusado, obteniendo, al fin, vindicar en forma legal su conducta—consta que a los peones de don Francisco Farfán se les había exonerado de los trabajos de las obras públicas porque “construían ladrillos para la casa que fabrica el señor Gobernador”; y así mismo, informa uno de los declarantes “haber sido tomados unos bueyes de la señora Juana Polo por el señor Teniente Político de San Roque, y ocupados en acarrear materiales para la construcción de la misma casa, con perfecto conocimiento y aún resistencia a devolverlos por parte del señor Gobernador procesado” (Marzo 15 de 1873). En las declaraciones rendidas por el doctor Tomás Toral y por el Comisario de Policía don Fernando Moscoso, hay referencia a que Estanislao Morocho y otro peón fueron compelidos a trabajar “en la casa que construye el señor sindicado.

Para no abundar en más testimonios, hemos de acudir al definitivo, proporcionado por el propio don Carlos Ordóñez, el cual hace circular el 8de Marzo del susodicho año de 1873 una publicación que lleva el título de “PROTESTA”, la que comienza con estas líneas: “Un individuo (se refiere al doctor Agustín Cueva) inspirado por la envidia y más vulgares pasiones, se ha exhibido al público, denunciando que yo, bajo pretexto del trabajo de la carretera, he ocupado en la fábrica de mi casa a un peón suyo….” (Hoja suelta. Imp. Por Miguel Vintimilla).

Para terminar, confirmando nuestro dato de que el edificio del Seminario Mayor de esta ciudad se construyó al mismo tiempo que los de los señores Ordóñez Hermanos—y aún se comenzó poco antes-, decalramos que efectivamente no se debe tal mejora al doctor Juan Martínez Tamariz, sino al Ecónomo de la Curia Eclesiástica don Mauricio Garzón. Los periódicos cuencanos de esa época—del 67al 74—en nada se refieren a los Jesuitas ni al señor Obispo León, ponderando, en cambio, el entusiasmo del aludido señor Garzón, digno de todo encomio y cuya memoria es grato evocar cada vez que se habla de nuestra historia local en la época en que él figuró. La ingratitud del olvido no llega sino para aquellos que la merecen.

“EL MERCURIO” 3 de Agosto de 1934 VICTOR M. ALBORNOZ.

ORIGEN DE “LAS TRES PAULAS”

Author: Teodoro Albornoz /

En la primera década del siglo actual era muy popular una música de acento lastimero, que se la tocaba acompañándola con un canto igualmente triste. Me cuentan que el origen de esta tonada se debe a lo siguiente:

Había en Cuenca tres hermanas de apellido Pesantez aficionadas a la música y al canto. Parece que una de ellas compuso un yaraví de notas melancólicas como los que, en esa época, se estilaban en la ciudad, y las tres hermanas lo cantaban cuando una de ellas la ejecutaba en el piano. Cada vez que alguien las visitaba, se complacían en tocar la referida pieza, puesto que era del agrado general. Una de las hermanas, acaso la mas atractiva y gentil, se llamaba Paula, la que, cada vez que se le preguntaba el nombre del yaraví, contestaba:-Todavía no tiene nombre.

Esto originó que uno de los visitantes dijera una noche en que las tres hermanas cantaban el yaraví: Pues, si no tiene nombre, pongámosle el de LAS TRES PAULAS. Desde entonces, se lo conoció solo así, alcanzando gran popularidad.

De estas tres hermanas Pesantez, una de ellas es madre de los Aguilar Pesantez (el sacerdote Dr. Vicente Aguilar Pesantez, etc.), otra es madre de los González Pesantez (Rogerio González Pesantez) y otra es madre del Dr. Ernesto López.

OFRENDA DE AMISTAD

Author: Teodoro Albornoz /

Palabras pronunciadas en el sepelio
de Rafael Antonio Vintimilla Muñoz.

Dejad, señores, que m estruje angustiosamente el corazón, rememorando aquí, en este lúgubre vestíbulo de lo arcano, tiempos ya distantes, tiempos idos que hoy se agolpan en la mete, a impulso de un vendaval de nostalgias que trae otra vez lo que ya se fue al abrir el sepulcro de los recuerdos y resucitar lejanas horas de quietud, de ensueños, de esperanzas: dichas que aletean nuevamente, pero ahora como aves agoreras graznando el fatídico ritornelo de la pena de llorar por lo que está ya difunto; memorias de días plcenteros, hoy golpean el pecho, lastimándolo con profunda herida, haciendo verdad lo que dijo en estrofa inmortal Dante Alighieri:

Hiere el ayer el alma mía,
pues no hay tormento mayor
que recordar la alegría
en el tiempo del dolor.

Vuelvo hacia atrás la mirada, retrocedo cincuenta y cuatro años de vida, y me veo nuevamente junto a Rafael Antonio Vintimilla Muñoz, en las aulas del Colegio Seminario, allí fue él, indiscutiblemente, el primer estudiante de la clase, el primero por su claro talento, el primero por su inalterable bondad, el primero por la delicadeza de su espíritu. Allí obtuvimos provechosas enseñanzas que nos inculcaron educadores de la talla de Alberto Ordóñez Crespo, de Tomás Alvarado, de Jesús Arriaga, de Francisco de Paula Correa. Allí pudimos ver de cerca en lo que consiste el prodigio de la santidad al mirar la ascética figura y la acción evangélica de Guillermo Harris, el rector inolvidable. Allí tuvimos la noble emulación en el estudio, la sincera amistad de los condiscípulos, el franco estímulo en el aplauso de los maestros, la mejor recompensa en la satisfacción de nuestros padres cuando en los exámenes finales segábamos algún humilde laurel.

¡Qué entusiasmo y que bullicio en las alegres horas del recreo! ¡Qué emociones tan enternecedoras en esos hermosos sábados de Mayo, cuando en la Capilla del Colegio regábamos flores a las plantas de María Santísima y, luego, alborozados, soltábamos los globos de papel multicolor, como si enviásemos al cielo el mensaje dulcísimo de la Fe!

Mas todos esos regocijos cesaron mas tarde, cuando la vida nos hizo ver que también es obligación, que también es lucha, que también es sacrificio, que también es dolor, todo lo cual puede resumirse en una sola frase: que la vida no es, no debe ser, otra cosa para la humanidad que el cumplimiento del deber en forma digna, elevada, heroica.

Por eso, Rafael Antonio Vintimilla Muñoz fue un abanderado del deber, un prototipo de lo que debe ser un ciudadano: modelo de pulcritud, espejo de honorabilidad, varón listo al servicio de la ciudad y del país, dechado de trabajo, activo en los menesteres de la caridad, paradigma de amigos, lustre de su estirpe y de su hogar.

Temperamento delicado, amó cuanto de ventajoso tiene la cultura: los libros escogidos, la música selecta, las manifestaciones de arte, todo lo cual le atraía merced al buen gusto y la esmerada educación. Genuinamente modesto, sin mas ambiciones que la de su propia hidalguía, fue el hombre bueno por excelencia. Y ese es su mayor blasón en la heráldica del auténtico valer.

Si la tragedia de la muerte es precisamente el triunfo de la vida, hoy es el día de victoria de Rafael Antonio Vintimilla Muñoz. Allegándonos al símbolo del sabio Obispo de Hipona, podemos decir que si Rafal Antonio Vintimilla Muñoz por sus méritos de civismo fue jornalero infatigable en la construcción de la Ciudad del Hombre en la tierra, mediante la rectitud de sus cualidades morales acrisoladas en el sosiego de su conciencia ganó en la Ciudad de Dios el puesto de elección. Esa es su gloria.

VICTOR MANUEL ALBORNOZ