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F A M I L I A V I N T I M I L L A

Author: Teodoro Albornoz /

En la dedicatoria que de sus obras hace Fray Joseph Vicente Díaz Bravo, al Reverendísimo Padre Maestro Fray MARIANO VINTIMILLA, Prior General Visitador Apostólico de todo el Orden del Carmen de la Antigua y Real Observancia, en el libro que se edita en Madrid el año de 1766 en la Imprenta de Don Juan Lozano, Calle del Clavel, dice: “Habla el grande Moreri de la esclarecida Casa de Vintimilla y dice en su lengua francesa: V I N T I M I L L E maison des plus anciennes, et plus ilustres de l’Europe, est une branche des Marquis d’Ivrre, et Rois d’ Italie, la quelle a pris son nome de l’Ville d’ VINTIMILLE sur le fin du X Siecle y au commencement du XI. “Sobre su primer origen varían mucho los Historiadores. Unos quieren ser del tiempo de San Antonio Abad, cuya Madre, llamada Cuita, fue hija del CONDE DE VINTIMILLA, y esta opinión es muy seguida en la Liguria, y provincias comarcanas. Otros la derivan de Lascare, hijo de Clodoveo Primero Rey de Francia. Algunos sienten, que la fundaron los Normandos que conquistaron parte de la Italia en el Siglo XI. No falta Historiador que la derive de la Casa de Saxe; pero el grande Morera, después de un prolijo exámen dice así: “L’ opinión la plus sure a la qulle on doit se reduire, est celle qui fair surtir la MAISON D’ VINTIMILLE des Marquis d’ yvrre el Rois d’ Italie; non par Gui, fils de Berenguer II. Mais par Conrrad, fils du meme Berenguer, comme nous l’ allons prouver para une suite d’ autorités incontestables (Moreri Diccion. Franc. Tomo 6 Libro V).

En el año 1221 se comenzó a dividir esta Real Familia en varias Ramas, porque a Guillermo I Conde de Vintimilla y Tende, le sitiaron en su misma ciudad los Genoveses y por Capitulación dejó a Vintimilla, no como a apellido suyo, sino es como lugar de su nacimiento. Otra rama se tiró a la Provenza, por permuta que en el año 1259 hizo Bonifacio I Conde de Vintimilla con Carlos de Anjou, Conde de Provenza. También fue rama de esta Casa Manuel Segundo Conde de Vintimilla y Señor de la Verdierey de Branco, que se dividió por los años de 1266 (Zurita.- Anales de Aragón Tomo 3).

Igualmente lo fue Beltrán Primero Conde de Vintimilla, Barón de Oliules y Señor de Edenes por los años 1322, como Francisco Primero Conde de Vintimilla y de Marsella, Barón de Tourves y de Luca que casó con Francisca de Albear de la Real Casa de Navarra. (Zurita ut supr.)

La última rama de esta Casa pasó a Sicilia sin duda porque ya su gloria no cabía en Francia ni en Italia y se radicó en Enrique Primero Conde de Vintimilla hijo de Otón Tercero. De esta rama descienden los Marqueses de Geraci que florecieron mucho en Sicilia y en España en Jerónimo Quinto Conde de Vintimilla y Marqués de Geraci Grande de España de primera claseEn esta misma rama se ingirieron los condes de Silento y Vintimilla así como los Príncipes y Marqueses de Irachi (Igual que Garaci) de quienes tiene V. Rma. Su gloriosa descendencia, como es notorio entre todos Eruditos de la Europa. Luego es V. Rma. Sin cosa en contrario: El Eques Etrusco de sanguine Regum. (Fray Mariano Vintimilla fue elegido Prior General y el Papa le comunicó su elección en carta de 19 de Junio de 1762. El Rey Carlos Tercero lo expresó su singular complacencia) (La dedicatoria está suscrita en Del Carmen de Tudela el 21 de Mayo de 1766.

En el memorial del Conde Don Juan de Vintimilla y Aragón, Conde Irachi y Garaci, Príncipe de Castelbono, Príncipe de la Escalera y Belmonte, Barón de Trifa, Barón de Santo Muro, de Caslelazo y otros Títulos más de Italia y Sicilia y España, se se describen los orígenes de esta nobilísima familia de Sicilia.

El Conde Serlón Normant, Primer Conde de Irachi, acompañaba a sus tíos el Duque Roberto de Francia y el Conde Rugiero, que pasaron a Italia ganando a los moros la Calabria y parte del Reino de Nápoles, asistiendo a la conquista de Sicilia siendo el primero que entró en Mesina, arrebatada a la morisma.

En aquella batalla los huestes de Serlón y de sus tíos, dieron dieron muerte a veinte mil sarracenos, dando así al origen del apellido.

Se le concedió a Serlón el Escudo de Armas que se pinta en este documento y que llevan las distintas Ramas de las familias Vintimilla en Italia, España y otros países. Campo de oro, partido por una faja de gules. En la parte superior una banda ajedrezada de plata y gules.

Los VINTIMILLA fueron Príncipes absolutos de Italia y Virreyes, Capitanes Generales y Caballeros de las Ordenes Nobiliarias. Pasaron a España en el Siglo IX estableciéndose en diversos lugares.

En el Ecuador fue fundador de la Ilustre Familia VINTIMILLA Don Andrés de Veintimilla y García de Medina, casado don Doña María Pérez de las Heras.

Don Andrés de VEINTIMILLA García de Medina, casado con Doña María Pérez Heras
Don Toribio de VEINTIMILLA Pérez, casado con Doña Ana Zurita Ochoa de Berna
Don Bernardino de VEINTEMILLA Zurita, casado con Doña Antonia Vásquez de Espinoza
Don Ignacio de VEINTEMILLA Vásquez de Espinoza, casado con Doña María Medina Blanco de Guzmán
Don Marcos de VEINTEMILLA Medina, casado con Doña Ana Valderrama
Don Manuel VEINTEMILLA Valderrama, casado con Doña Inés Racines Domínguez
Don Manuel VEINTIMILLA Racines Domínguez, casado con Doña Francisca García
De este matrimonio son hijos Don TOMAS VINTIMILLA GARCIA Y DON AGUSTIN VINTIMILLA GARCIA

Don Tomás Vintimilla García Agustín Vintimilla García
casado con Doña Mercedes López de Argudo casado con Dolores López de Argudo
Don Manuel Fidel Vintimilla Argudo Don Víctor Vintimilla Argudo
casado con Doña Rosa Jaramillo Jaramillo casado con Doña Carmen Mata Lamota
Doctor Carlos Rigoberto Vintimilla Jaramillo Doña Hortensia Vintimilla Mata
casado con Doña Hortensia Vintimilla Mata casada con el Doctor Carlos Rigoberto
Vintimilla Jaramillo

Del matrimonio del Doctor Carlos Rigoberto Vintimilla Jaramillo con Doña Hortensia Vintimilla Mata, son hijos: Carlos Enrique, Mario Alex, Blanca Libia, María Elena, Julio Telmo, Paulina Clemencia, Eugenio Aquiles, Celiano Augusto, Inés Victoria y Beatriz Elba VINTIMILLA VINTIMILLA.
Carlos Enrique, casado con Doña Francisca Avellán Ordóñez; Mario Alex casado con Doña Guillermina Ordóñez Jaramillo; Blanca Libia, casada con Don Nicolás Espinosa Cordero; MARIA ELENA casada con Don BENJAMIN ALBORNOZ CABANILLAS; Julio Telmo, casado con América Ramírez Córdova; Paulina Clemencia, casada con Dn Carlos Estrella Cox; Eugenio Aquiles, casado con Doña Josefina Astudillo Chacón; Celiano Augusto, casado con Zoila Luz Ordóñez; Inés Victoria, casada en primeras nupcias con Don Julio Validivieso González, en segundas nupcias con Don Jacinto Cordero Tamariz; Beatriz Elba, soltera.

Del matrimonio de MARIA ELENA VINTIMILLA VINTIMILLA con BENJAMÍN ALBORNOZ CABANILLAS son sus hijos: María Elba, Claudio Oswaldo, Edgardo Horacio, Hilda Laura, Benjamín Armando, Benjamín Orlando y TEODORO HUMBERTO ALBORNOZ VINTIMILLA.

Del matrimonio de TEODORO HUMBERTO ALBORNOZ VINTIMILLA con MIRYAN GUADALUPE DURAN ALEMAN son hijos JUAN SEBASTIAN y MARIA VERONICA.

JUAN SEBASTIÁN ALBORNOZ DURÁN contrae matrimonio con MARIA XIMENA COELLO GUILLEN (primos terceros). Tataranieto de Don Manuel Fidel Vintimilla Argudo, y tataranieta de Don Víctor Vintimilla Argudo, respectivamente. A la vez, ambos, tataranietos de Dña. Carmen Mata Lamotta.

MARIA VERONICA, soltera.

SOCIEDAD BOLIVARIANA DE CUENCA

Author: Teodoro Albornoz /

Exmo. Señor Arzobispo de la Diócesis
Señor Presidente de la Sociedad Bolivariana de Cuenca,
Señor Vicepresidente del Núcleo del Azuay de la Casa de la Cultura
Señor Doctor Ricardo Márquez Tapia y sus distinguidos familiares,
Señoras, Señores:


Venezuela ha reconocido el procerato que el Ecuador tiene en mantener el recuerdo, la gratitud y la admiración a Simón Bolívar. Si el Ecuador se enorgullece de esa honra, dentro de él le cabe a Cuenca, siempre alerta en los dictados del civismo, en conservar la primacía en el culto al Héroe epónimo de América. Ello se inicia desde los días mismos de la emancipación, pues, si el Cabildo cuencano decide entonces levantar una estatua al Libertador, un fraile egregio –Fray Vicente Solano- le erige el monumento moral al querer verlo de monarca del gran Imperio Republicano de los Andes.

Las voces del ditirambo, salidas de pechos sinceramente enfervorizados, aclaman al ídolo de sus simpatías de uno a otro extremo de la comarca, cuando él visita esta tierra, que lo recibe como a vencedor y lo aclama como a adalid máximo de la Libertad deseada y conseguida.

Más tarde un gran poeta nuestro –don Luis Cordero- empuña la lira y canta al campeón de cien victorias un himno jubiloso:

“Ecuador a las plantas del Héroe
pon , rendido, la espada triunfal….
¡Sea el grande, el excelso Bolívar
nuestro númen augusto de paz;
templo suyo la América toda;
Chimborazo su espléndido altar!

Después, Remigio Crespo Toral le tributa la magnífica ofrenda de dos libros: “Ultimos pensamientos de Bolívar”, en verso, y “Bolívar, el Héroe y el Genio de América” en fulgurante prosa; libros en los que el lector no sabe que admirar más, si las notas del plectro lírico diestramente manejado o las cláusulas de oro, cláusulas tersas y límpidas, en las que cada frase se convierte en una hoja de laurel.

Y así, en pléyade renovada a medida que pasa el tiempo, muchos poetas y escritores azuayos han rendido su tributo al Libertador. Entre ellos, figura el Sr. Dr. Ricardo Márquez Tapia, quien, no hay duda, que en el país, se destaca en la labor bolivariana por la constancia, por la persistencia, por la pasión admirativa con que la realiza, impelido por el noble afán de generalizar, de extender, de profundizar, de hacer más intenso y más extenso el vivo culto al Libertador.

El Dr. Márquez ha estudiado a fondo la vida y hechos de Bolívar y de los principales próceres que le acompañaron en la gran empresa de la Emancipación.

La figura de cada uno de ellos la conoce en sus menores detalles y, por eso, puede presentarlas en sus rasgos exactos para lograr esculpirlas en la mente y corazón de quienes leen sus numerosos escritos de este género; escritos que son como un yunque de acerado hierro en que su pluma perseverante golpea, a manera de martillo, para arrancar chispas de luz que iluminan la figura admirable del Libertador.

Homenaje de justicia es el que hoy tributa la Sociedad Bolivariana del Ecuador al otorgar su significativa Insignia al SR. Dr. Ricardo Márquez Tapia, porque es justicia reconocer los merecimientos de un escritor que, a través de largos años, ha efectuado un trabajo tesonero, infatigable, cultivando el campo de las Letras y las ciencias históricas de su predilección, principalmente las relacionadas con lo íntimamente nuestro. Y, como en lo íntimamente nuestro, en lo más querido y admirado, está Bolívar, a Bolívar he rendido el Dr. Márquez, en múltiples oportunidades, los brotes de su pluma nunca en descanso, siempre en útil actividad.

Al entregar el Acuerdo dictado por la Sociedad Bolivariana de Cuenca…en nombre del Sr. Alcalde Dr. Ricardo Muñoz Chávez –que me ha delegado para que lo represente en este acto- como Presidente del “Centro de Estudios Históricos y Geográficos de Cuenca” y de manera personal mía de antigua amistad, al congratularme de este merecido homenaje, felicito al Sr. Dr. Márquez por el público reconocimiento que se hace de su fecunda y valiosa labor intelectual.

VICTOR MANUEL ALBORNOZ

Excmo. Monseñor Doctor Don Manuel Serrano Abad,

Author: Teodoro Albornoz /


Obispo Auxiliar de Cuenca

Dos acontecimientos trascendentales ha celebrado últimamente la Ciudad: la promoción episcopal de uno de sus sacerdotes beneméritos y el centenario del nacimiento de un varón llamado a darle como ninguno lustre y celebridad, como que está en camino de recibir una consagración universal.

El júbilo que, con tal motivo, ha demostrado Cuenca tiene claro fundamento de razón, porque los dos hechos aludidos se enraízan profundamente en el prestigio tradicional de un pueblo que, a través de cuatro centurias, ya ha demostrado su envergadura para ir en constante superación.

Los hechos no hay que juzgarlos aisladamente en la Historia: ellos se concatenan y todo tiene una causa para producir un efecto. En el caso de que se trata, no hay que ver sólo la exaltación de dos personajes en forma aislada, sino que, penetrando en los antecedentes sociológicos que la determinan, es preciso remontarse hasta encontrar los fundamentos que la producen.

En los entusiastas homenajes que se acaban de rendir a un varón que duerme ya su sueño de justo y a otro varón que es ahora modelo de actividad sacerdotal en su tierra, no hay que hallar sólo el triunfo del Hermano Miguel o de Monseñor Manuel Serrano Abad. Hay un triunfo mayor, que, por más alto, los enaltece aún mas: es el triunfo de un pueblo que ha vivido cuatrocientos años, o, mejor, es el triunfo de una Cultura que se acendró durante cuatro siglos.

Francisco de Febres Cordero, el humilde Hermano Miguel, resume el espíritu religioso de Cuenca, pero lo resume igual que el líquido sometido a la alquitara: lo purifica en tal forma que el hombre casi desaparece, para dar paso al serafín humano. Es el santo, el que ya está subiendo con sus pies contrahechos los peldaños del Altar; pero no es sólo el asceta, el que macera sus carnes con el cilicio y la mortificación, el que se abstrae en la plegaria y tiene fijos los ojos en el Cielo. Nó. Es también el educador, el abnegado maestro de escuela que siembra en los corazones de los niños la simiente de las cosechas óptimas del mañana. Es un sembrador de luz, que ahuyenta las tinieblas de las mentes y pone clarores de bondad en los corazones que levanta y fortifica. El Hermano Miguel, por cualquier lado que se le examine es un paladín de la Cultura.

El Excelentísimo Obispo Auxiliar de Cuenca, Monseñor Manuel Serrano Abad, es la representación arquetípica del Clero Cuencano, de ese Clero que dio Prelados de la importancia de José Ignacio Ordóñez, de Miguel León Garrido, de Andrés Machado, de Guillermo Harris, de Alberto María Ordóñez; de ese Clero que salieron hombres de la talla de Julio Matovelle, de Juan y Víctor J. Cuesta, de Joaquín Martínez Tamariz y de Nicanor Aguilar, citando sólo a los contemporáneos ya fallecidos. Serrano Abad maneja la pluma pulcra del literato. Su palabra en la cátedra sagrada resuena unciosa, pues que la anima profunda versación teológica vertida en raudales de armonía y elocuencia. Pero no se limita tampoco a las excelencias del verbo. Sabe que su apostolado tiene que ser apostolado del siglo en que se agita, de ese tremendo siglo veinte, en el que a los problemas de la conciencia de la persona hay que añadir los hondos problemas de la colectividad amenazada por el hambre y transida de angustia.

Y, por eso, su acción social se derrama, benéfica, incesante, como cobijando con la plácida sombra del Evangelio a los que buscan el amparo de su cayado pastoral, en el que también luce como gema la flor de la Cultura.

En las fiestas que acaban de pasar ningún cuencano se sintió excluído, antes formóse la convicción de que era partícipe obligado de ellas, pues que su solemnidad provenía de que eran regocijo íntimo del pueblo en su total integridad de pueblo que se enorgullece de sus auténticas glorias.

Los homenajes tributados al Hermano Miguel y a Monseñor Serrano Abad, que nadie pudo prever que se realizaran casi conjuntamente, obedecen a la lógica inflexible de obedecer a los mismos antecedentes. Ambos hechos—un Príncipe de la Iglesia, que comienza a serlo, y un Héroe de la Santidad en trance de subir a los Altares—no son sino la culminación de dos vidas que, por distintos caminos concluyentes en una misma meta, cumplen igual misión: acrecentar el prestigio de Cuenca mediante un triunfo que, en el fondo, tiene para esta Ciudad el hondo significado de constituir el triunfo de su Cultura.

VICTOR MANUEL ALBORNOZ
“El Demócrata” Cuenca, 16 de Enero de 1955

EVANGELIO DE LA ERRANZA

Author: Teodoro Albornoz /


En la nave capitana del espíritu va siempre de vigía el afán de escrutar nuevos horizontes, ….cansa la ruta segura, a veces, y siéntese un anhelo indefinible de perder el rumbo y de seguir –roto el timón y a merced del viento—navegando con la proa imantada hacia el infinito….

¡Cómo se quisiera, entonces, conocer en toda su extensión los tres grandes mares que seducen al ilusionado: el del agua, con sus lechos de esmeralda y sus palacios de coral; el de la tierra, con sus urbes inquietas y sus valles en sosiego; el del firmamento, con sus torres de nubes y su maravillosa ronda de estrellas!

Ansia de dimensión, ésta de guardar en el cofre sin fondo de las retinas la policromía de los paisajes mas diversos y de las escenas mas variadas. Se tiene vehemencia de que la vida ofrezca a cada instante un nuevo espectáculo en que el alma vaya de una a otra emoción, igual que la mariposa de flor en flor, para distraerse en todos los matices, para saborear mieles en todas las corolas, para bañarse en la frescura del rocío o para desentumecerse con las caricias del sol.

Esta hambre de aventuras, esta sed de lejanías, acaso no son, en lo recóndito, sino hambre y sed de olvido, codicia de que la realidad de los otros nos aparte de la nuestra, deseo de evasión del recluso que en todos alienta…

Si habitualmente somos viajeros de la tiniebla interior, es lógico que en veces estalle una santa y dulce rebeldía de aspirar a iluminarse por fuera con la luz reconfortante de un ensueño que florece en la flor de la realización. En la senda en que por primera vez se va, parece que el clavileño de la esperanza mueve mas a prisa las alas, conduciéndonos con mayor ligereza, como para que únicamente se vea lo seductor de cada jornada, sin detenerse a considerar que, mientras mas intenso es el goce, mas pronto se aceda al tornarse en melancolía de recuerdo. Pero ¡quién piensa en la ceniza, cuando la llama esplende dentro del corazón!

En cada ruta puede hallarse un amor, una amistad, una dicha. Puede hallarse también un desencanto, una perfidia, un dolor. Mas lo desconocido atrae, el misterio fascina, lo que no se conoce es lo que mas apetece; máxime que, al emprender la marcha, jamás se piensa en lo adverso, sino únicamente en lo que lisonjea el ánimo al tomar una resolución. Es por esto que los viajes que jamás se borran de la memoria son, precisamente, los que, una vez concluidos, solo dan en el balance de los valores morales un buen saldo de íntima satisfacción.

Oh! erranza, que consideré la mejor recompensa de la vida! Oh! erranza, que lo mismo amé en las rutas por las que anduve entre espinas y guijarros que al internarme dentro de mí y recorrer con urgencia desvelada las sendas obscurecidas del alma! Oh! erranza que nunca acaba, haz que mis pasos corpóreos estén siempre concordes en aspiración con los pasos de mi espíritu! Y pues que el polvo de los caminos de la tierra es el mismo polvo de los sepulcros –también caminos para lo perenne—, haz que ni en uno ni en otro tropiece, y si tropiece no caiga, y si caiga me levante por la misericordia de la Luz!



VICTOR MANUEL ALBORNOZ

EVANGELIO Y VERDAD

Author: Teodoro Albornoz /


Así se titula la obra que acaba de publicar el distinguido y abnegado religiosos de la Orden Dominicana Rdo. Padre Gonzalo de Jesús Amoroso. Evangelio y Verdad, dos palabras que acaso implican redundancia, puesto que, en el fondo, son sinónimas, ya que el Evangelio es la suprema Verdad, en razón de que allí se contiene la esencia de la doctrina cristiana dicha por el mismo Hijo de Dios. El Evangelio acerca de la Divinidad, pues comunica con Cristo que desde esa tribuna, erigida por su amor y regada con su sangre, dicta su palabra de enseñanza, que es también palabra de mandato para seguir la senda iluminada del bien.

Un gran poeta cuencano –Remigio Tamariz Crespo—resumió en un solo verso las alternativas de grandeza y pequeñez del hombre en el transcurso de su paso por el mundo:

La vida!....¿Qué es la vida?:

el eterno poema del vuelo y la caída.

He ahí la tragedia que se cierne sobre los días de permanencia en la tierra: volar y caer, el ansia de superación que con frecuencia se hunde en la vorágine, la lucha permanente que muchos sostienen por mantenerse en alto y el fracaso del intento en la gran mayoría, si es que la voluntad no cuenta con la fuerza suficiente para triunfar.

¿Por qué hay tanta dificultad en el logro del buen propósito, en tanto que es fácil el descenso hacia el abismo? Un pensador moderno lo explica en pocas palabras: “La caída de la gracia, la impulsión atávica, el llamado de la selva, el escozor de la carne, todo ello, no es otra cosa que ausenta de Eternidad.”

Esto es cierto. Se vive pendiente solo de los halagos del presente, sin atenerse a su fugacidad. Se vive a prisa, casi sin discernimiento para escoger lo que conviene. Es mas, acosados por la vacuidad reinante, se rehusa hundir el pensamiento en la meditación serena y profunda para elegir el camino seguro, porque se tiene miedo de internarse en el tiempo sin medida de la Eternidad, de esa Eternidad feliz a la que todo ser humano debiera aspirar, poniendo empeño en conseguirla, para que en él se cumpla la promesa de la bienaventuranza sin término.

Tender a tan loable fin es lo que se propone el Padre Amoroso en esta obra, cuyos cincuenta y dos capítulos corresponden al Evangelio de todos los días domingos del año, haciendo ágil y provechoso comentario de las enseñanzas salvadora que del Nuevo Testamento se derivan.

Como por desgracia las doctrinas del Divino Maestro, si bien conocidas, pocos lo llevan gravadas en el corazón con el fuego necesario para inducir a practicarlas, no hay duda que este libro hará mucho bien en quienes, acaso por motivos fútiles, andan lejos de las sendas señaladas por Cristo, o, peor aún, han caído en la peligrosa sima de la indiferencia.

El Padre Amoroso no recurre a las sutilezas de la hermenéutica. Ñla excelsa claridad del Evangelio la difunde con el arte exquisito de la sencillez, con el modo suave de la llaneza que es el vínculo mas adecuado para llegar a todos, entrándose por los vericuetos de la conciencia como en vientecillo blando que la refresca y alivia las heridas. Qué regalo mejor para el alma ansiosa de quietud y certidumbre que la palabras del Señor del Consuelo y la Misericordia le lleguen, por medio de este distinguido religiosos, explicadas o explanadas, para entender a fondo su sustancia, para meditarlas con intensidad, para que se adentren a lo mas íntimo del pecho y allí libren batalla con el mal al fin alcancen su vencimiento.

Esta obra sacude las alas del espíritu. Con ella, el Padre Amoroso podrá seguramente avivar las creencias en quienes las mantienen incólumes o despertar la fe dormida en los que solo necesitan de una llamada eficaz; pero su triunfo será –así es de esperarlo—que las almas en tinieblas acojan reverentes las enseñanzas que difunde –que son las del mismo Dios—para que reciban el don de la gracia y se enciendan en fervor que les haga obtener el reinado definitivo de la Luz en plenitud.


VICTOR MANUEL ALBORNOZ

ESTATUA DE AIRE,

Author: Teodoro Albornoz /


Por : Gonzalo Escudero

Ejecutor exquisito de la difícil ciencia de la estética se demostró siempre Gonzalo Escudero al plasmar en el verso sus ideas, que suelen afianzarse en las ensenadas poéticas de su dominio, en las cuales larga bien hondo el ancla que lo retiene para el tiempo. Hoy reafirma esa su posición segura, adquirida ya en HELICES DE HURACÁN Y DE SOL y en ALTANOCHE, con la publicación de este libro de plena sazón.

Trae como personaje de su nuevo poema a la “Estatua de aire en pedestal de brisa”; personaje de significación tan alta y tan profunda, tan compleja y tan variable que llena con su presencia ámbitos que parecen de infinito, puesto que ciertamente es un hálito de eternidad el que lo anima, aquel de que procede y en el cual permanece y perdurará. Este protagonista de tanta trascendencia que no es otro que el Hombre, el Hombre dialogando con cuanto ama y odia, con lo que le encumbra y con lo que lo agobia en la incertidumbre y el dolor.

Dije dialogando, pues que las interrogaciones vienen unas tras otras en seguimiento de una respuesta; mas como esta respuesta es sólo la del silencio –esa gran voz del misterio--, sucede que el diálogo lo mantienen el Hombre y el Enigma, la Estatua de aire y las fuerzas oscuras que lo rodean, lo invaden y se apropian de su ser.

Y porque todo en desazón parece
y todo en fuga de aire se evapora,
y en añiles nostalgias se enmohece,
y en solares de muerte se demora,
la dalia de la sangre se estremece
enarbolando su atezada prora,
y ardida cal de una escultura enferma,
se desmorona la esperanza yerma.

Así, desesperanzado y ensombrecido, mira el Poeta el paisaje moral del mundo con un escudriñar en que la angustia procura serenarse para alcanzar los horizontes mas lejanos, creyendo que en ellos encontrará lo inaudito, aunque en realidad solo repiten el espectáculo de lo circundante, o sea la vida que en vano quiere separarse de la muerte, prolongación la una de la otra, raíz y tronco del mismo árbol que abre la ancha copa para florecer al soplo de las perennes primaveras del cosmos. Por eso, tras ese desengañado viaje en que se anhela lo que no se halla y en que, al rendirse el cansancio de la búsqueda en la certeza que resume todas las incertidumbres del destino, se descansa al fin en el cabezal de espinas de lo cierto, el Poeta exclama con resignada convicción:








Detenida la abeja del aliento
y baldío el panal de la caricia,
guija de estrellas en descendimiento,
regreso a tu verdad, tierra nutricia,
que para tus oscuros pedernales,
nacencia y agonía son iguales.

Pero, hasta llegar a esa conclusión que todo lo evidencia al enlazar principio y fin de círculo que al Hombre encierra en la grandeza de la inmortalidad del espíritu, qué largo recorrido de sobresaltos y dudas, de inquietudes y torturas, de luchas y desmayos. De luchas y desmayos, sobre todo. Una espada musical que al vibrar canta y gime, porque es forjada en fragua de pájaros y está orinecida con la humedad de un lagar de llanto, doblega la luz indoblegada de la Estatua de aire, que se estremece y rompe su orgullo al comprender que es la tierra torva la que lo apedrea intentando apagar su destello, ese destello que se lo quisiera prolongar hasta los límites de un tiempo sin años.

El desaliento alza la cerviz y tórnace en triunfo cuando el Hombrees a la vez Poeta, de aquellos que prorrumpen en cánticos que nada puede abatir, porque son indemnes al golpe y a la asechanza:

Hasta donde el aliento se sopesa
y el perfume en el légamo se enluta,
estás presente, poesía ilesa...

Poesía ilesa, tan sutil que su acento y su aroma se han de elevar a la altura mayor para allí aislarse de lo perecedero y batir las alas cerniéndose victoriosas en el tiempo.

Ese es el verde siempre que vence al agorero nunca y es así como cobra movimiento perdurable la ESTATUA DE AIRE EN PEDESTAL DE BRISA.

Gonzalo Escudero logra en un proceso medular desarrollado a través de cincuenta estrofas presentar en conjunto armónico el drama del Hombre, que desde lo finito—presencia de mujer, “cárcel de azúcar y panal de trigo”, presencia de flor, rosa con “armadura de aroma” y erguida” la taciturna lanza de la espina”- va a lo perenne, a lo que atenaza Dios con sus dedos infundidores de eternidad.












Poesía de alta jerarquía es la de Escudero, invariablemente revestida de elegancia, logra la difícil postura de no decaer en ningún momento, sorprendiendo por la sutileza y precisión empleados en el recurso expresivo. La espontaneidad del verso deja el desaliño en la alquitara, donde se desnuda de impureza para relucir en esplendor magnífico: cada verso brilla como el oro y cada imagen que allí brota con prodigalidad es una gema que lo enriquece y realza.

Al valor de arte se suma el de la ingénita belleza, porque la euritmia del poema, no obstante estar recamada por la exquisita bordadura de la palabra, deja entrever que, adentro, soterrada, bulle una corriente límpida de emoción, que da al verso calor constante y le transmite ritmo fortalecedor. Y hay vida y hay poesía, porque hay creación.

VICTOR MANUEL ALBORNOZ.

Agosto de 1951

Entrada de Benalcázar

Author: Teodoro Albornoz /


Afrontando sin temor el riesgo de excederse en sus atribuciones, sintiéndose capaz de magnas empresas y ardiendo en fiebre de gloria y renombre, el intrépido Don Sebastián de Moyano, que toma para sí el apelativo de su ciudad natal – Benalcázar-, emprende la conquista del reino de Quito, adelantándose a quienes intentan empresa igual.
Desde San Miguel de Piura, donde se halla de Teniente de Gobernador, Benalcázar asciende a la sierra, dirigiéndose luego al norte para cumplimiento de sus designios. Le acompañan –según cómputo más probable- unos doscientos soldados, de los cuales tal vez ochenta son de caballería.
Aunque la fecha de la expedición la señalan González Suárez y otros historiadores en 1533, es preciso rectificar el dato, pues el Rdo. P. Alfonso A. Jerves prueba documentadamente que ella se realiza sólo en 1534, iniciándose en Abril de ese año. (La Fundación de la Ciudad de San Francisco de Quito. Quito, 1933).

Para entonces o los cañaris sólo están sujetos a sus propias autoridades, debido a la anarquía que reina en el Imperio, o sufren las depredaciones de Rumiñahui, que usurpa el poder de la dinastía quiteña. Inclinámonos a lo primero, ya que parece que el feroz tirano sólo llega a inmediaciones del territorio de los cañaris, si bien éstos temerían el avance de aquel y sus espantosos castigos, que habrían de sobrepasar, no hay duda, a los impuestos por Atahualpa.

Sea por tal causa o por la de una sagaz política, los cañaris, apenas saben que las tropas españolas se acercan a ellos, mandan mensajeros de paz. Desde Cañaribamba, en los límites meridionales del país, el cacique Oyañe destaca una embajada presidida por tres señores de la comarca – Nimique, Llenizupa y Pallacache-, los cuales se presentan a Benalcázar llevándole en obsequio pescado de río, tasajos de llama, pulque, papas y otros productos de la tierra. Franqueando el paso de Huasca-chaca, o sea el puente de bejucos tendido sobre el caudaloso Tamaycha (hoy Jubones), que delimita al sur el territorio cañari, penetran a éste las huestes españolas, cordialmente acogidas.

Así, que los primeros extranjeros que huellan la provincia de Tomebamba son el Capitán Sebastián de Benalcázar y sus acompañantes, de los cuales sólo se conoce al Alférez Real Miguel Muñoz, al Maese de Campo Falcón de la Cerda, a los Capitanes Francisco Hernández Girón, Ruy Díaz de Rojas, Francisco Pacheco, Juan Gutiérrez, N. Mosquera y a un soldado llamado Juan Camacho. Se sospecha que también forman parte del contingente Don Hernando de la Parra y Don Alonso López Albarrán. De los demás, nada se sabe.