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ALGUNOS DATOS RELATIVOS A LA QUINTA BOLIVAR

Author: Teodoro Albornoz /


Benjamín Ramírez Arteaga

El Libertador en Cuenca

A LA BOLIVARIANA ESTUDIANTIL

El mes de septiembre del año 1.822, llegó a esta ciudad de Cuenca el Libertador Simón Bolívar y Palacio. Se alojó en una mansión de Chaguarchimbana, no hay duda, por ser la más adecuada por su comodidad y lujo para un huésped de tanta categoría.
En efecto, mi familia ha conservado esta tradición. Fue el mismo Libertador quien prefirió ese albergue, no obstante su distancia de la ciudad, y los caminos escabrosos y difíciles, como que en aquel entonces ni en la imaginación existían la alameda y pistas de automóviles de la actualidad. Para llegar a la casa, que era una casa de quinta, había que atravesar por un sendero estrecho, bordeado de ágaves y malezas, apenas propio para peatones, y por añadidura, sobre el río no había ningún puente, de modo que era necesario esguazarlo: verdadero obstáculo y no pequeña molestia, si se considera el caudal de agua que pasa por ese lugar, con los tres ríos unidos del Matadero, del Yanuncay y del Tarqui.
La mencionada casa estaba situada en el mismo sitio en que se levanta ahora la fábrica de mi propiedad. A las orillas del Chaguarchimbana, a las faldas de una cordillera o pequeño montículo del mismo nombre, a la vera de una vía que en nuestros tiempos se bifurca en otros tantos caminos para el Sigsig, El Valle, Quinjeo, Jadán, San Bartolomé, Santa Ana, Turi, Papal y otros lugares. La propiedad se extendía entonces desde el pie de Turi hasta Monay, y comprendía casi totalmente el actual territorio de la parroquia Huainacapac.
Estos mismos detalles abonan la suposición de que se trataba de una mansión regia no muy indigna de cobijar bajo su techo al Genio de la Libertad, que en vano querría descansar allí de sus fatigas y coronar el plan de su epopeya magna, pues no le dieron tiempo las visitas de corporaciones, de autoridades, del vecindario en general.- Bolívar fue muy agasajado en Cuenca: entre otras manifestaciones le ofrecieron un suntuoso baile, al que concurrió la élite de la sociedad y en el que acaeció un incidente digno de memoria: prendado el Libertador de una de las damas asistentes, la aristocrática señorita Manuela García, se acercó y le estampó un beso en la mejilla: audacia o aturdimiento que la hermosa dama castigó con una sonora bofetada, como aquella de la que habla el poeta colombiano Flores: “Un flajelo de pétalos de rosa”…
Habitaban la casa en aquella época los dueños: Doña María Castro viuda de Don Diego Arteaga y casada en segundas nupcias con Don Juan Izquierdo del Prado. Del primer matrimonio tuvo a Don José Antonio, a Don Jerónimo y a Doña Ana y del segundo a Doña María Pía, a Doña Antonia, a Doña Ignacia, a Don Juan y a Don Felipe Izquierdo.- A la sazón, después de años, se encontraba de regreso de España, investido del alto cargo de Mariscal de campo en las filas del Rey, Don Jerónimo Arteaga. Se cuenta que ostentaba una casaca bordada y junto a una de las charreteras la mano de la Reina, como testimonio del privilegio que recibiera en una de las fiestas de palacio de bailar con ella,- Doña María Pía Izquierdo se casó con el Coronel español Don Antonio Soler.
Al despedirse el Libertador, en prueba de profunda gratitud dijo a Don Jerónimo el Marisca y a Don Juan que no los mandaba a fusilar, como lo merecían por su fanatismo realista, por el regio hospedaje que le había ofrecido su madre de ellos, Doña María Castro; pero que les daba a escoger el lugar de su destierro: Don Jerónimo eligió España, y Don Juan, el Perú, de donde nunca volvió. ¡Gratitud severa y majestuosa, la de los Libertadores!
En la despedida de Bolívar estuvo también presente el Cabildo Eclesiástico. Los Señores Canónigos habían ido allá cabalgando hermosas mulas, enjaezadas a la usanza antigua, con correas cubiertas de brillantes piezas de plata. Mucho les agradeció el Libertador, pero más aún la ocasión que le ofrecían de ocupar una jornada sus cabalgaduras para su Estado Mayor, pues las monturas de los señores jefes estaban en malas condiciones….. Los Señores Canónigos tuvieron que retornar a pie….
En 1.934 pasó a mi poder esta casa histórica. Como amenazaba ruina, me dirijí al M.I. Concejo Municipal, solicitando la facultad de derruirla, si acaso no prefería municipalizarla, siempre que la repararan y conservaran como una reliquia, a imitación de otras naciones que saben reconocer el mérito de estas joyas de la tradición, sin prestar atención al costo que puede ocasionar su conservación. (Conservo hasta la fecha el oficio que con tal motivo me envió el Sr. Presidente del I. Concejo Cantonal de entonces) A los de aquí les pareció quizás un derroche dedicar los diez mil sucres presupuestados para la reparación, e invocaron el consabido pretexto de la penuria de la Caja Municipal…
Me facultaron de buen grado, para que derribara aquella ruina, reservándose ciertos oradores patrioteros el derecho de lamentar y criticar lo que hice a la fuerza, en vista de que nadie atendía a mis reclamos, como que instituciones y sociedades existen tan sólo para charlar y charlar, mientras nada práctico realizan, y como en este caso, desaparecen los relicarios del pretérito y de la historia”.
Si se desean confrontar algunos de los datos constantes del artículo transcrito, invito al señor Director del Museo “Remigio Crespo Toral” y “Archivo Histórico” asistir al Juzgado Segundo Provincial del Azuay, donde reposa el juicio que seguimos al señor doctor Honorio Vega Larrea, por el fundo “El Colegio” que fue de propiedad exclusiva de mi tía abuela María Pía Izquierdo de Soler: fundo que lo ha retenido en anticresis, renovable en cada período de nueve años, el señor doctor Honorio Vega Larrea, a quien le han adjudicado sus antecesores con dicho gravamen. f) Benjamín Ramírez Arteaga.



HISTORIADORES SIN HISTORIA

Con motivo de la carta dirijida por el señor Director del Museo “Remigio Crespo Toral” y “Archivo Histórico”, don Víctor Manuel Albornoz, en 7 de julio del presente año, al señor Gobernador de la Provincia don Alfonso Peña Jaramillo, rectificando ciertos datos históricos, me permito, para llegar a la verdad, reproducir el artículo que con el epígrafe: “EL LIBERTADOR EN CUENCA”, escribí en el semanario “EN VOZ BAJA”, número 21 de 5 de Enero de 1941. Ese artículo lo escribí a base de la más fiel y depurada tradición mantenida por mi noble y distinguida familia; por lo mismo, todo lo que en él expongo se basa sobre la verdad más real, sin sombra alguna de novela fantástica o historia desprovista de criterio histórico, como tan empeñosamente tratan de gritar, ciertos historiógrafos, otros de su especie.
Sin más comentario, a continuación transcribo el aludido artículo: (se refiere al artículo anterior).

“El Mercurio”, Cuenca Ecuador, Martes 15 de Julio de 1947


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